Me encuentro en el punto donde puedo visualizar todo como cuando logras distinguir hasta la más remota estructura a lo alto de un risco o desde el último piso del edificio más alto, puedo analizar todo y a todos, caigo en la cuenta de tanto,como si fuese un misterio resuelto o cabos que estaban sueltos y ahora todo tiene una claridad más allá en el raciocinio y que después de tener esa respuesta, la incógnita del para qué y ahora qué fuesen las precursoras de varios caminos.
Me doy cuenta del porqué de tanta carencia y derroche de tantos aspectos que tenemos los seres humanos, lo vanales o profundos que pueden ser, lo dichosos o miserables, lo crueles o bondadosos, con o sin educación, lo vacíos o llenos que estén tanto de lo malo y de lo bueno como si fuese una balanza enorme donde nada es perfecto...donde todo puede suceder y todo puede ser, pero dentro de esa "mágica" libertad, todo tiene repercusiones agradables y desagradables y que de ahí se deriva cómo es necesario ser responsable al vivir, porque vivir es una responsabilidad enorme si te pones a pensar bien en tu existir.
Veo las ganas de vivir y de morir, la conformidad en el confort o la lucha en la supervivencia, veo destrozados pero a la vez soldados, así como también veo quién no tiene sentido de la vida y viven como animales solo cuidando el cuerpo pero no su espíritu y alma.
Veo que no tiene sentido el sufrir y sufrir por algo o alguien, que es una pérdida como bomba de tiempo la infelicidad que uno mismo propicia, porque no debería haber borradores de vida sino escribir con firmeza las próximas páginas del libro de la vida, tal vez subrayar algunas cosas pasadas para contemplarse en un futuro y que de esas cosas se forjen la personalidad y el interior y por medio de eso un camino, sabiendo que el camino es estrecho y cuanto más estrecho sea éste, las cosas eternas serán meramente maravillosas, pero el camino laxo y amplio provocará un placer momentáneo pero el cuál será una condena eterna por no rectificar error tras error.
La vida es un momento en el que la felicidad y la desdicha terrenal se vuelven opcionales.
No me creo muchas de las veces lo que puedo ver, sentir y escuchar porque duele, duele ver cómo los humanos nos destruimos de tantas maneras, con todos nuestros sentidos como si fuesen armas nucleares escondidas para en cualquier situación pueda responderse y acabarnos.
Pero su contraparte es la esperanza de seres humanos que no solo queremos ser espectadores de vida, no basta con saber lo que sucede en el mundo entre nosotros, sino actuar y que enmedio de esta tragedia haya una conversión de calidéz y amor en nuestras almas; porque la santidad es la meta.

